José Pedro Duarte

Mentiras Creativas

Si eres bueno, el trabajo viene solo (y otras cosas que te cuentan cuando estudias algo creativo)

Pensamientos

Cuando era niño quería ser inventor.

No sabía muy bien qué significaba exactamente, pero sí tenía claro que quería dedicarme a imaginar cosas y construirlas. Cuando llegó el momento de elegir carrera encontré algo que se parecía bastante a esa idea: diseño industrial.

Así que me metí de lleno.

La carrera me gustaba. Siempre me han gustado las ciencias y el diseño industrial tenía esa mezcla de creatividad y ingeniería que me parecía perfecta. Durante años estuve aprendiendo metodologías, procesos de diseño, materiales, prototipado… todo lo necesario, en teoría, para dedicarme a diseñar productos.

Hasta que terminé la carrera.

Y entonces pasó algo muy simple.

Miré a mi alrededor y me di cuenta de que el sector en el que me había formado prácticamente no existía en Extremadura.


El primer choque con la realidad

Recuerdo terminar el proyecto final y empezar a mirar qué opciones tenía.

Busqué empresas. Busqué estudios. Busqué oportunidades.

Y la sensación fue bastante clara: no había sitio para un diseñador industrial.

Muchos compañeros empezaron a reorientar su carrera. Algunos hicieron másteres para especializarse en perfiles más técnicos. Otros se fueron hacia producción, calidad o ingeniería.

No era raro. Era simplemente adaptarse al mercado.

La universidad te enseña una disciplina, pero no siempre hay un mercado preparado para absorberla.


La primera decisión

Cuando entendí que no había trabajo como diseñador industrial en mi entorno, pensé en otra cosa.

Si no podía diseñar productos, al menos podía trabajar con empresas que los vendieran.

Así que decidí empezar por el área comercial.

Quería aprender algo que en realidad es fundamental para cualquier creativo: presentar ideas, comunicar, convencer. Da igual que vendas un producto, una estrategia o un logotipo. Al final todo pasa por la capacidad de explicar algo y hacer que otra persona lo entienda.

Ese camino duró poco tiempo.

Poco después monté con mi socia Cristina mi primer estudio de diseño: Alzabrand

Fue el primer proyecto creativo serio después de la carrera.


La gran mentira creativa

Hay muchas ideas equivocadas sobre el mundo creativo, pero para mí hay una especialmente peligrosa:

“Si eres bueno, el trabajo viene solo.”

No es verdad.

He conocido gente increíblemente buena que nunca ha conseguido posicionarse en el sector. Y también he visto profesionales bastante mediocres que tienen un gran nombre, premios o reconocimiento.

El talento ayuda, claro.

Pero no es el factor decisivo.

Lo que realmente marca la diferencia es otra cosa:

  • constancia

  • adaptación

  • entender el mercado

  • saber trabajar con clientes


El trabajo creativo no consiste en expresar tu talento en cada proyecto como si fueras un artista. Consiste en entender lo que el cliente necesita y resolverlo bien.


La realidad del trabajo creativo

Otra mentira bastante común es que los creativos viven haciendo grandes proyectos.

La realidad es bastante distinta.

Gran parte del trabajo consiste en cosas como:

  • pequeños cambios

  • mantenimiento

  • ajustes

  • rediseños

  • actualizaciones


Muchas veces el dinero no está en crear algo completamente nuevo, sino en mejorar lo que ya existe.

Y luego está el trabajo que nadie menciona en la universidad: gestionar clientes.

Muchas conversaciones que parecen creativas en realidad son conversaciones económicas.

Plazos. Presupuestos. Cambios. Alcance del proyecto.

Ese es el día a día.


Mi primer cliente

Mi primer cliente fue Inmaculada.

Ella venía de trabajar en una empresa grande y estaba empezando su proyecto personal. Nosotros también estábamos empezando nuestro estudio.

Así que en cierto modo los dos estábamos aprendiendo a la vez qué significaba emprender.

Nosotros queríamos decir que sí a todo.

No sabíamos muy bien cómo valorar nuestro trabajo. Ni cuánto tiempo nos iba a llevar cada cosa. Ni cuánto cobrar.

En aquella época encontramos una revista que había publicado una guía de precios orientativos de diseño. Descargamos un Excel con esas tarifas y para nosotros se convirtió en la Biblia.

Literalmente.

Solo ofrecíamos los servicios que aparecían en esa lista, porque eran los únicos que sabíamos cómo cobrar.

Si algo no estaba en el Excel, directamente no lo ofertábamos.

Visto con perspectiva es casi gracioso, pero también fue uno de los proyectos en los que más aprendí.


Lo que realmente aprendí en la universidad

Curiosamente, muchas de las herramientas que utilizo hoy no las aprendí en la carrera.

Las aprendí después.

Cursos. Másteres. Formación adicional. Libros. Experiencia.

En estos años probablemente he invertido en formación casi lo mismo que costó la carrera.

Porque en el mundo creativo no puedes dejar de aprender nunca.

Pero la universidad sí me dio algo muy importante: la forma de pensar.

Me enseñó a enfrentar problemas complejos, a confiar en los procesos y a soportar la frustración.

Porque esta profesión tiene mucho de eso.


Esto es una carrera de fondo

Una de las cosas más importantes que aprendí con el tiempo es que el trabajo creativo no funciona como muchas personas imaginan.

No haces algo brillante y de repente todo cambia.

No es así.

Esto funciona más como una carrera de fondo.

Trabajas.

Aprendes.

Te equivocas.

Vuelves a intentarlo.

Y si el proceso es bueno, si el trabajo está bien hecho y si tienes paciencia, los resultados terminan llegando.

Pero rara vez llegan rápido.

Sigamos la conversación.

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